En 2025, unas 16 mil 800 mujeres fallecieron de cáncer de ovario en América Latina y el Caribe, según estimaciones del Observatorio Global de Cáncer[1]. En el caso específico de Guatemala, la cifra más reciente registra 153 fallecimientos por causa del cáncer de ovario[2]. A pesar de que este no es el cáncer ginecológico más común entre las mujeres, es una neoplasia que presenta una elevada mortalidad en el mundo[3].
Las proyecciones globales hablan de un incremento del 55% de casos nuevos al 2050, lo que se traduce en importantes desafíos para los sistemas de salud, sobre todo en la mejora de los métodos de detección y tratamiento[4].
“El Día Mundial contra el Cáncer es una fecha importante en el que hacemos un llamado a la concientización y a la acción ante una enfermedad que generalmente no presenta síntomas específicos temprano, dificultando su detección precoz”, expresa el doctor David Gómez, Gerente médico Uro-oncología de Adium Centroamérica y el Caribe; y agrega que, a diferencia de otros cánceres, en el de ovario no existe un tamizaje efectivo universal que permita detectar la enfermedad en etapas tempranas. En el mundo, el 58% de las pacientes son diagnosticadas con cáncer de ovarios en estadios avanzados de la enfermedad.
Una distensión o hinchazón abdominal persistente, un dolor abdominal o pélvico continuo, la sensación de saciedad rápida al comer, la pérdida de apetito o urgencia de orinar o frecuencia aumentada son síntomas inespecíficos que puede presentar la paciente. Sin embargo, estos pueden confundirse con trastornos gastrointestinales o ginecológicos benignos[5].
“Si los síntomas son persistentes durante varios días o van incrementándose en intensidad, es importante realizar una evaluación médica completa. Por otro lado, la presencia de una masa pélvica detectada en un examen clínico o ecografía también orienta hacia la necesidad de descartar patología maligna”, detalla el especialista y subraya que un solo síntoma aislado no es un indicativo fiable de cáncer, por lo que la evaluación debe considerar patrones persistentes o progresivos.
El camino hacia un diagnóstico de cáncer de ovario es complejo. Las pruebas iniciales pueden incluir un examen pélvico, marcadores tumorales para medir la cantidad de proteína CA-125 o una ecografía transvaginal para visualizar masas ováricas[6]. Aun cuando ha habido avances en las técnicas diagnósticas para detectar esta enfermedad, todavía existe un reto importante de diagnosticarlo en etapas tempranas.
