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El pago como agente transformador de la economía en América Latina y el Caribe

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Por Tânia Oliveira, vicepresidente de Visa Consulting & Analytics para América Latina y el Caribe

La información sobre el perfil de pagos de una ciudad nos puede ofrecer una perspectiva importante respecto a su salud económica, terciaria y social. Por ejemplo, a través de la penetración de las transacciones digitales en un lugar determinado, es posible obtener perspectivas importantes sobre la formalización del comercio, la inclusión digital, la existencia de infraestructura tecnológica básica e incluso los niveles de recaudación municipal. Es decir, el pago puede ser un excelente indicador de mejoras estructurales, del task force y del desarrollo de proyectos que involucra a los participantes más diversos como bancos, empresas digitales, el gobierno, adquirentes y establecimientos comerciales, todo bajo un marco cada vez más personalizado y regional.

Tener una radiografía que contemple todas las ciudades de un país, de norte a sur, y que muestre el estado de cada municipio en lo que respecta a los pagos digitales, siempre ha sido un deseo de las industrias financiera y de pagos. Y la solución ha llegado con el Índice de Madurez Digital de Visa Consulting & Analytics, un trabajo que analiza más de 300 variables diferentes, entre las que se incluyen la cantidad de tarjetas por habitante; las transacciones de débito y crédito; la cantidad de cajeros automáticos; la cantidad de sucursales bancarias; los accesos de banda ancha; los datos sobre las máquinas de pago por habitante y por kilómetro cuadrado, el PIB; el IDH (Índice de Desarrollo Humano) y la información sobre la población y la educación.

Ahora bien, ¿imaginan la complejidad de hacer esto en las más de cinco mil ciudades brasileñas? ¿Y junto con las ciudades de Chile, México y Colombia? Eso fue precisamente lo que hicimos y hemos logrado  construir una metodología desde cero que se ha convertido en el primer estudio de propiedad exclusiva y patentado por Visa de América Latina y el Caribe. A continuación, se muestran algunas lecciones que aprendimos en esos tres años de análisis.

La primera lección es la importancia de separar las ciudades en categorías diferentes: las preparadas – las cuales presentan un sistema de pagos electrónicos sólido; las que se encuentran en transición – con un sistema de pagos electrónicos avanzado; las emergentes – las cuales tienen un sistema de pagos electrónicos poco desarrollado, y las nacientes, en las cuales el sistema de pagos electrónicos está sin desarrollar, o es casi inexistente. ¿Cuál fue el motivo de hacer esta división? Decidimos hacerlo así, para lograr determinar y trazar más efectivamente el tipo de trabajo en el que se deben enfocar la industria y el gobierno. Por ejemplo, en algunas ciudades, no encontramos acceso a banda ancha o presencia de cajeros automáticos. Entonces, no sirve de nada cualquier esfuerzo de aceptación o emisión de tarjetas sin antes resolver estos asuntos estructurales.

También notamos que muchos de los municipios clasificados como emergentes tienen sus economías deterioradas. La falta de sucursales bancarias en las ciudades, y la proximidad geográfica de estos lugares con polos económicos, hacen que los habitantes tengan que viajar a las ciudades más grandes y utilizar su dinero en los establecimientos comerciales de otras regiones. Por ello, los comercios de las ciudades emergentes terminan desapareciendo y obligados a cerrar sus negocios por falta de clientes.

Otro dato interesante está relacionado con los impactos directos en el aumento del uso de pagos digitales en los diferentes sectores de la economía. Por ejemplo, cuando una ciudad se convierte en una ciudad emergente en nuestra metodología, se observa un crecimiento representativo en la penetración de los pagos digitales en áreas como la educación, la salud y la construcción civil (en este caso, principalmente en la compra de materiales para reformas en los hogares). Esta evolución responde a la importancia que ve adquiriendo la ciudad en la región, convirtiéndose así en un polo metropolitano que recibe a nuestros consumidores de las ciudades satélite y de menor tamaño que se ubican en los alrededores.

Entre los países en los que implementamos el estudio (Chile, Colombia, Brasil y México), notamos una uniformidad de baja madurez digital en los lugares que están lejos de los grandes centros. México se destaca como el país que tiene más ciudades proporcionalmente preparadas, principalmente debido a la popularidad de sus destinos turísticos, lo cual ha incrementado la  penetración de pagos digitales. Por otro lado, notamos que Colombia tiene un desafío mayor en términos de mejorar su infraestructura de conectividad y aceptación de los métodos de pago electrónicos.

Sin embargo, el aprendizaje principal es qué hacer con esta información. Hemos trabajado en todos estos países, junto con los gobiernos, emisores, adquirentes, establecimientos comerciales y empresas emergentes para atender las necesidades de cada región. En algunos casos, tenemos que actuar y reforzar la emisión, en otros casos, el trabajo tiene que estar orientado a la aceptación, pero siempre atentos a este enfoque personalizado. Por ejemplo, un cliente de Visa a través del Índice de Madurez Digital de Visa Consulting & Analytics logró mapear los lugares con cajeros automáticos en las ciudades en las que opera y compararlos con las ubicaciones de sus sucursales. De esta forma, ahora está estructurando toda su estrategia para ofrecer soluciones digitales donde el uso del dinero en efectivo aún está muy presente y, con esto, ayudar a incluir financieramente a miles de personas.

Consideramos que la adopción de los pagos digitales tiene beneficios directos para los consumidores, las empresas y los gobiernos. Además, la reducción del uso de dinero en efectivo tiene un efecto catalizador sobre el desempeño económico de las ciudades, lo que a su vez aumenta el nivel de empleo, la productividad y la recaudación fiscal. Pero estamos hablando de un movimiento de la industria. Necesitamos la participación de todos. Visa, un emisor, un adquirente o un establecimiento comercial por sí solos no pueden generar esta transformación en las ciudades. Se trata de un movimiento necesariamente inclusivo y, solo con este enfoque de trabajo conjunto, los beneficios de los medios de pago digitales podrán extenderse a todos los países de América Latina y el Caribe.

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