El lavado de manos, una práctica cotidiana para interrumpir la propagación de microorganismos

Las manos pueden transportar microorganismos sin que sean visibles

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La transmisión puede producirse después de entrar en contacto con una superficie contaminada. Los microorganismos pueden permanecer temporalmente en las manos y trasladarse posteriormente al rostro, a otras personas o a objetos de uso común. Este proceso puede ocurrir sin que exista una señal evidente, ya que las manos no tienen que verse sucias para transportar microorganismos.

Por ello, la higiene de manos debe formar parte de determinados momentos de la rutina diaria, especialmente después de utilizar el transporte público, tocar superficies compartidas, manipular dinero, estar en espacios concurridos o entrar en contacto con una persona enferma. También es importante realizarla antes de preparar o consumir alimentos y después de toser, estornudar o sonarse la nariz.

Una técnica adecuada permite limpiar todas las áreas de las manos

El lavado con agua y jabón permite remover suciedad, microorganismos y otras sustancias que pueden permanecer en la piel. Para realizarlo correctamente es necesario mojar las manos, aplicar jabón y frotar de manera cuidadosa las palmas, el dorso, los espacios entre los dedos y debajo de las uñas, antes de enjuagar y secar adecuadamente.

La higiene no debe reducirse a un enjuague rápido. Dedicar el tiempo necesario permite que el jabón y la fricción actúen sobre las distintas superficies de las manos y contribuyan a remover los microorganismos.

Cuando no se dispone de agua y jabón, una solución a base de alcohol puede utilizarse como alternativa para la higiene de manos, siempre que estas no estén visiblemente sucias y el producto se aplique de acuerdo con las indicaciones del fabricante.

Una medida fundamental dentro de los servicios de salud

La higiene de manos adquiere una importancia particular en los establecimientos de salud, donde existe un contacto continuo entre pacientes, profesionales sanitarios, familiares, equipos y diferentes superficies. En este contexto, una adecuada higiene de manos forma parte de las medidas de prevención y control de infecciones.

Para el personal sanitario, realizarla en los momentos indicados contribuye a reducir el riesgo de trasladar microorganismos entre pacientes, superficies y equipos durante la atención. De esta manera, una práctica cotidiana trasciende el ámbito personal y se convierte también en una medida de protección para quienes reciben atención y para quienes participan en su cuidado.

Incorporar la higiene de manos a la rutina diaria, tanto en el hogar como en los servicios de salud, contribuye a fortalecer una cultura de prevención y a reducir oportunidades de transmisión que muchas veces pasan inadvertidas.

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